La tarde de aquel verano ardiente parecía ser una más de las tantas tardes que han pasado por mi existencia. Lejos estaba de imaginar que muy pronto iba a sufrir el accidente acústico que cambiaría totalmente mi vida, dejándome postrado en un mar de soledad, incomprensión y nostalgias. Muchas nostalgias.
Tenía pensado salir para juntarme con un amigo que me iba a
indicar la relación de plazas de un
concurso público que se avecinaba. Me encontraba sin empleo y me urgía trabajar
en lo que fuere. Sin embargo, deseaba más que nada ocuparme en labores para los que había estudiado que no
era otro que el campo de las ciencias sociales. Más, concretamente, en el campo de la antropología
social. Ya había ganado experiencia en algunos organismos estatales tanto como
docente, planificador, capacitador y hasta como investigador social de campo, así
que me tenía harta confianza para esta contingencia del concurso. Bueno, como
decía, estaba saliendo cuando en eso diviso a un pariente que venía en
dirección hacia mí. No venía solo. Lo acompañaba un inmenso bloque de madera.
Yo vivía por aquel entonces en la casa de mi suegro quien tenía
un aserrador dentro de ella. Como no había nadie en la casa me presté para
ayudarlo a cortar su grueso listón. Encendimos el motor del aserrador y su
poderoso rugido llenó todo el ambiente de la casa y hasta fuera de ella. Yo no
le tenía temor a la explosión de decibeles porque ya antes había escuchado esa
estridencia infernal y nunca me había pasado nada. Además, nadie
en la casa se molestaba con el ruido y tampoco se protegían los oídos. ¿Por qué
iba a hacerlo yo? ¡Error fatal!
Había transcurrido más o menos media hora de plena faena
cuando siento que mis oídos escuchan el revolotear de una miríada de zancudos dirigiéndose rápidamente hacia ellos,
penetrándolos e instalándose como huéspedes indeseables al que nunca se les invitó pero que, sin
embargo, se quedaron para siempre. Al terminar de cortar los maderos y al apagar
el motor no solo quedé con los zumbidos dentro de mis orejas (acúfenos) sino
que ya no escuchaba muy bien lo que me hablaban. Todo había sucedido en un lapso de unos
cuantos segundos. Y de esta manera tan abrupta y trágica es como llegué al mundo de los sordos. O mejor
dicho, de cómo llegué a ser un hipoacúsico más, hasta el día de hoy.
Los días subsiguientes fueron un ir y venir de diferentes
consultas médicas y hasta de curanderos folclóricos, herbolarios y naturistas. Los primeros me
habían hecho las respectivas audiometrías y otros exámenes que arrojaron el
siguiente diagnóstico: hipoacusia bilateral neurosensorial de
nivel moderado; cuyo tratamiento fue el siguiente: pastillas para los mareos,
algunas inyecciones para la perdida de equilibrio y audífonos para mejorar la
escucha. Los segundos, que bajo un discutible diagnosis le llamaban “oídos
tapados”, también me dieron algunas
indicaciones en base a ruda, ajos y no sé qué otras yerbas más, igualmente ineficientes, porque el daño no estaba en el oído externo sino en el interno. Es
decir, se habían lesionado los nervios auditivos.
Han transcurrido un poco más de 20 años, desde aquel aciago día del 21 de Marzo de 1993, en que me convertí, de un momento a otro, en un "viejito" casi sordo a la rutilante edad de 36 abriles. Y, desde aquel entonces, mi vida no volvió a ser nunca más lo que había sido. Y no se hable del amor porque el amor, el amor... Mejor eso lo dejamos para los siguientes capítulos ¿No les parece?

Es una triste introducción, y lamento mucho lo que te pasó y cómo, pero creo que todos tenemos un designio marcado, y a nuestros hombros van, sólo aquello que podemos soportar. No serías la excelente persona que conozco y admiro, de no ser por aquello...Suerte!
ResponderEliminarQuerida Mónica, antes que nada quisiera pedirte disculpas públicas por no haber respondido, en el momento oportuno, tu agradecido comentario. Y tienes razón que es triste este mi primer post que apertura el blog. Sin embargo, debo aclarar que no solo temas de aflicción iré desarrollando, sino también otros en que se vislumbran las alegrías del amor. Como su propio título lo expresa, en este blog los temas recurrentes serán el Amor y la Hipoacusia. Gracias por tu primer comentario y seguimos en contacto. Saludos.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarHola mi nombre es Elvira, en su texto encuentro algunas coincidencias con lo que me sucedio, soy docente de educación media superior, soy pedagoga y me dio hipoacusia súbita el año pasado, varias veces me he preguntado si debo de seguir dando clases con mi debilidad auditiva o hasta cuando podré hacerlo. Yo en realidad estaba buscando un grupo de facebook de hipoacusia porque creo que en caso de que avance mi problema en un futuro podria ser útil poder comunicarme con otras personasa través de la tecnología o el lenguaje de señas, pienso que seria útil inscribirme o crear una especie de grupo de apoyo virtual entre personas con el mismo problema, es algo que se me ocurrio de pronto pero todavia no lo he madurado. Pero mientras encuentro o tengo tiempo yo misma de crear ese grupo, debo decir que ha sido una sensación extraña saber que alguien más puede comprender lo que es estar en esta situación, esto me conmovió, incluso se lo lei a mi mamá. Le felicito por su escrito, espero que siga publicando para continuar leyendolo. Saludos.
ResponderEliminarHola mi nombre es Elvira, en su texto encuentro algunas coincidencias con lo que me sucedio, soy docente de educación media superior, soy pedagoga y me dio hipoacusia súbita el año pasado, varias veces me he preguntado si debo de seguir dando clases con mi debilidad auditiva o hasta cuando podré hacerlo. Yo en realidad estaba buscando un grupo de facebook de hipoacusia porque creo que en caso de que avance mi problema en un futuro podria ser útil poder comunicarme con otras personasa través de la tecnología o el lenguaje de señas, pienso que seria útil inscribirme o crear una especie de grupo de apoyo virtual entre personas con el mismo problema, es algo que se me ocurrio de pronto pero todavia no lo he madurado. Pero mientras encuentro o tengo tiempo yo misma de crear ese grupo, debo decir que ha sido una sensación extraña saber que alguien más puede comprender lo que es estar en esta situación, esto me conmovió, incluso se lo lei a mi mamá. Le felicito por su escrito, espero que siga publicando para continuar leyendolo. Saludos.
ResponderEliminarHola Elvira, respondo tu mensaje casi a un mes de publicado. La verdad es que escribí y abrí este blog con el animo de escribir sobre mis experiencias de hipoacusico, pero a poco de andar me ganó el desgano y bueno... ahí estamos. Creo sinceramente que no debes darte por vencida en eso de abandonar tus clases. Ahora hay audífonos digitales para casi todas los niveles de hipoacusia, sin embargo, si sientes que ya nada de los dispositivos tecnológicos te ayudan, bueno, pues, en ese caso puedes optar por el lenguaje de señas. Particularmente yo no lo conozco y nunca he hecho el esfuerzo de leer los labios. He usado dos audífonos supuestamente programables pero no ha sido de mucha ayuda, no obstante, no pierdo las esperanzas de algún día hacerme de un audífono que si verdaderamente me ayude. En el face, hay varios grupos de hipoacúsicos y también blogs que te pueden ayudar a persistir en tu empeño de formar un grupo virtual de ayuda para quienes padecemos esta discapacidad. Ojalá podamos seguir comunicándonos para intercambiar experiencias. Un abrazo.
EliminarRuego a quienes quieran hacer algún comentario se dirijan a mi dirección: huconsor_1956@hotmail.com
ResponderEliminar