lunes, 16 de septiembre de 2013

Aquella tarde aciaga



La tarde de aquel verano ardiente parecía ser una más de las tantas tardes que han pasado por mi existencia. Lejos estaba de imaginar que muy pronto iba a sufrir el accidente acústico que cambiaría totalmente mi vida, dejándome postrado en un mar de soledad, incomprensión y nostalgias. Muchas nostalgias.

Tenía pensado salir para juntarme con un amigo que me iba a indicar la relación de plazas de  un concurso público que se avecinaba. Me encontraba sin empleo y me urgía trabajar en lo que fuere. Sin embargo, deseaba más que nada ocuparme en  labores para los que había estudiado que no era otro que el campo de las ciencias sociales. Más,  concretamente, en el campo de la antropología social. Ya había ganado experiencia en algunos organismos estatales tanto como docente, planificador, capacitador y hasta como investigador social de campo, así que me tenía harta confianza para esta contingencia del concurso. Bueno, como decía, estaba saliendo cuando en eso diviso a un pariente que venía en dirección hacia mí. No venía solo. Lo acompañaba un inmenso bloque de madera.

Yo vivía por aquel entonces en la casa de mi suegro quien tenía un aserrador dentro de ella. Como no había nadie en la casa me presté para ayudarlo a cortar su grueso listón. Encendimos el motor del aserrador y su poderoso rugido llenó todo el ambiente de la casa y hasta fuera de ella. Yo no le tenía temor a la explosión de decibeles porque ya antes había escuchado esa estridencia  infernal  y nunca me había pasado nada. Además, nadie en la casa se molestaba con el ruido y tampoco se protegían los oídos. ¿Por qué iba a hacerlo yo?  ¡Error fatal!

Había transcurrido más o menos  media hora de plena faena cuando siento que mis oídos escuchan el revolotear  de una miríada de zancudos  dirigiéndose rápidamente hacia ellos, penetrándolos e instalándose como huéspedes indeseables  al que nunca se les invitó pero que, sin embargo, se quedaron para siempre. Al terminar de cortar los maderos y al apagar el motor no solo quedé con los zumbidos dentro de mis orejas (acúfenos) sino que ya no escuchaba muy bien lo que me hablaban.  Todo había sucedido en un lapso de unos cuantos segundos. Y de esta manera tan abrupta y trágica  es como llegué al mundo de los sordos. O mejor dicho, de cómo llegué a ser un hipoacúsico más, hasta el día de hoy.

Los días subsiguientes fueron un ir y venir de diferentes consultas médicas y hasta de curanderos folclóricos,  herbolarios y naturistas. Los primeros me habían hecho las respectivas audiometrías y otros exámenes que arrojaron el siguiente diagnóstico: hipoacusia bilateral neurosensorial de nivel moderado; cuyo tratamiento fue el siguiente: pastillas para los mareos, algunas inyecciones para la perdida de equilibrio y audífonos para mejorar la escucha. Los segundos, que bajo un discutible diagnosis le llamaban “oídos tapados”,  también me dieron algunas indicaciones en base a ruda, ajos y no sé qué otras yerbas más, igualmente ineficientes, porque el daño no estaba en el oído externo sino en el interno. Es decir, se habían lesionado los nervios auditivos.

Han transcurrido un poco más de 20 años, desde aquel aciago día del 21 de Marzo de 1993, en que me convertí, de un momento a otro, en un "viejito" casi sordo a la rutilante edad de 36 abriles. Y, desde aquel entonces, mi vida no volvió a ser nunca más lo que había sido. Y no se hable del amor porque el amor, el amor... Mejor eso lo dejamos para los siguientes capítulos ¿No les parece?

7 comentarios:

  1. Es una triste introducción, y lamento mucho lo que te pasó y cómo, pero creo que todos tenemos un designio marcado, y a nuestros hombros van, sólo aquello que podemos soportar. No serías la excelente persona que conozco y admiro, de no ser por aquello...Suerte!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Mónica, antes que nada quisiera pedirte disculpas públicas por no haber respondido, en el momento oportuno, tu agradecido comentario. Y tienes razón que es triste este mi primer post que apertura el blog. Sin embargo, debo aclarar que no solo temas de aflicción iré desarrollando, sino también otros en que se vislumbran las alegrías del amor. Como su propio título lo expresa, en este blog los temas recurrentes serán el Amor y la Hipoacusia. Gracias por tu primer comentario y seguimos en contacto. Saludos.

      Eliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Hola mi nombre es Elvira, en su texto encuentro algunas coincidencias con lo que me sucedio, soy docente de educación media superior, soy pedagoga y me dio hipoacusia súbita el año pasado, varias veces me he preguntado si debo de seguir dando clases con mi debilidad auditiva o hasta cuando podré hacerlo. Yo en realidad estaba buscando un grupo de facebook de hipoacusia porque creo que en caso de que avance mi problema en un futuro podria ser útil poder comunicarme con otras personasa través de la tecnología o el lenguaje de señas, pienso que seria útil inscribirme o crear una especie de grupo de apoyo virtual entre personas con el mismo problema, es algo que se me ocurrio de pronto pero todavia no lo he madurado. Pero mientras encuentro o tengo tiempo yo misma de crear ese grupo, debo decir que ha sido una sensación extraña saber que alguien más puede comprender lo que es estar en esta situación, esto me conmovió, incluso se lo lei a mi mamá. Le felicito por su escrito, espero que siga publicando para continuar leyendolo. Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Hola mi nombre es Elvira, en su texto encuentro algunas coincidencias con lo que me sucedio, soy docente de educación media superior, soy pedagoga y me dio hipoacusia súbita el año pasado, varias veces me he preguntado si debo de seguir dando clases con mi debilidad auditiva o hasta cuando podré hacerlo. Yo en realidad estaba buscando un grupo de facebook de hipoacusia porque creo que en caso de que avance mi problema en un futuro podria ser útil poder comunicarme con otras personasa través de la tecnología o el lenguaje de señas, pienso que seria útil inscribirme o crear una especie de grupo de apoyo virtual entre personas con el mismo problema, es algo que se me ocurrio de pronto pero todavia no lo he madurado. Pero mientras encuentro o tengo tiempo yo misma de crear ese grupo, debo decir que ha sido una sensación extraña saber que alguien más puede comprender lo que es estar en esta situación, esto me conmovió, incluso se lo lei a mi mamá. Le felicito por su escrito, espero que siga publicando para continuar leyendolo. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Elvira, respondo tu mensaje casi a un mes de publicado. La verdad es que escribí y abrí este blog con el animo de escribir sobre mis experiencias de hipoacusico, pero a poco de andar me ganó el desgano y bueno... ahí estamos. Creo sinceramente que no debes darte por vencida en eso de abandonar tus clases. Ahora hay audífonos digitales para casi todas los niveles de hipoacusia, sin embargo, si sientes que ya nada de los dispositivos tecnológicos te ayudan, bueno, pues, en ese caso puedes optar por el lenguaje de señas. Particularmente yo no lo conozco y nunca he hecho el esfuerzo de leer los labios. He usado dos audífonos supuestamente programables pero no ha sido de mucha ayuda, no obstante, no pierdo las esperanzas de algún día hacerme de un audífono que si verdaderamente me ayude. En el face, hay varios grupos de hipoacúsicos y también blogs que te pueden ayudar a persistir en tu empeño de formar un grupo virtual de ayuda para quienes padecemos esta discapacidad. Ojalá podamos seguir comunicándonos para intercambiar experiencias. Un abrazo.

      Eliminar
  5. Ruego a quienes quieran hacer algún comentario se dirijan a mi dirección: huconsor_1956@hotmail.com

    ResponderEliminar